
Deleuze, Guattari y lo social
En-claves del pensamiento
Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de MonterreyEl artículo se propone ofrecer una reconstrucción general de la teoría social de Deleuze y Guattari, identificando sus características principales, despejando la lógica que la articula y señalando los principios en los que se sostiene. Nos concentraremos en los conceptos de flujo, agenciamiento y máquina diva buscando clarificar su estatuto ontológico, sus funciones teóricas y su valor metodológico. Procuraremos mostrar que ellos son los operadores fundamentales de un abordaje radicalmente relacional del campo social y subjetivo. Pondremos de manifiesto el modo en que este abordaje cuestiona las clásicas oposiciones individuo-sociedad, micro-macro y naturaleza-cultura, al tiempo que proporciona una nueva imagen de los social, sus configuraciones y sus dinámicas. Nuestra hipótesis interpretativa es que la ontología social elaborada por Deleuze y Guattari reemplaza el tradicional paradigma del todo y las partes por un paradigma de multiplicidades diferenciales en el cual el concepto de flujo sustituye al de 'elemento' o 'parte', el concepto de agenciamiento reconfigura el concepto de 'sistema social', y la máquina diva sustituye a los 'sistemas de sistemas' sociales. Se argumenta que debido a la consistencia y al alcance de la sintaxis que así se elabora, nos encontramos ante una perspectiva meta-teórica comparable a los principales marcos conceptuales vigentes en las ciencias sociales.

			Deleuze y Guattari son bastante explícitos a la hora de anunciar la concepción de lo social que proponen. En el
Estamos entonces ante un vocabulario alambicado que se entreteje en una trama compleja. Antes de enredarnos en su laberinto, y para no perdernos en él, cabe preguntar: ¿Por qué hablar de este modo cuando lo que se quiere es formular una teoría general de la sociedad? ¿Qué sentido tiene inaugurar una jerga conceptual (otra más), y hacerlo casi como si fuera la primera vez que se habla del tema? ¿Por qué no recurrir a la amplia gama de conceptos y métodos de investigación ya establecidos en este campo? ¿Disposición experimental? ¿Rebeldía epistemológica? ¿Vocación poética? ¿Humorada? ¿Simple vanidad? Puede que haya de todo esto un poco, y cada quien juzgará por su cuenta. Sin embargo, cabe subrayar que, dado el ambicioso programa en juego, la producción de nuevos conceptos era necesaria. Este programa fue enunciado por Deleuze en
Ante tamaña empresa, insistamos con la táctica de las preguntas básicas -aunque no sea más que para mostrar que 'básico' no es sinónimo de superficial ni de simple. A saber: ¿qué son y de qué están hechos estas líneas y flujos, estos agenciamientos y máquinas de las que se nos habla? Y, además, ¿cuáles son las relaciones que se establecen entre todos ellos? A pesar del creciente número de análisis sobre la obra de Deleuze y Guattari, no abundan los trabajos que aborden de frente estas cuestiones. Por lo general, la literatura especializada las da por evidentes o sabidas, evitando su tematización, lo que se ve facilitado por la operatividad propia de estas nociones. Como cualquier otro lenguaje bien articulado, éste puede hablarse y utilizarse sin un discernimiento cabalmente reflexivo de su sintaxis y su semántica. Sin embargo, responder estas preguntas resulta de la mayor relevancia. Sobre todo, si se entiende, como lo hacemos aquí, que estos conceptos son, con mucho, los más importantes entre los elaborados por Deleuze y Guattari, puesto que ofician como constituyentes fundamentales de la realidad en general y de la realidad social en particular. El presente artículo tiene por objetivo principal contribuir a despejar el estatuto ontológico, las funciones teóricas y el valor metodológico que ellos poseen al interior de esta nueva teoría de la sociedad. Se propone, asimismo, poner de manifiesto las características que la distinguen respecto de las aproximaciones clásicas a la comprensión de la vida social y subjetiva.

			De manera que nuestra tarea será, si se quiere, propedéutica. Pero ello no impide -antes bien, exige- la formulación de una hipótesis de lectura capaz de dar cuenta de la estructura singular de estos conceptos claves tanto como de su articulación en el lenguaje (meta) teórico que les es propio. En nuestro caso, la hipótesis propuesta es la siguiente: la obra de Deleuze y Guattari ofrece una ontología social que se desmarca del tradicional paradigma todo-partes reemplazándolo por un paradigma de las multiplicidades diferenciales. En esta ontología el concepto de flujo desplaza al elemento (o la parte), y el de agenciamiento sustituye al de sistema social. En cuanto al concepto de máquina abstracta, mostraremos que su rol fundamental es reemplazar a los 'sistemas de sistemas' propios de los holismos clásicos. Buscaremos, también, poner de manifiesto algunas de las consecuencias radicales que estas sustituciones tienen para comprensión de lo que sean las sociedades y las instituciones sociales, tanto como de aquellas configuraciones a las que habitualmente damos el nombre de individuos. Veremos que la idea misma de flujo social subvierte la concepción tradicional, tanto holista como atomista, según la cual un elemento o parte es necesariamente puntual, separado y definido; mientras que el concepto de agenciamiento se presenta como una alternativa (y una crítica) al concepto clásico de sistema o institución social. Esto porque se trata de un sistema multilineal, dinámico y heterogéneo que es incapaz de totalizar a sus elementos componentes -es decir, los flujos sociales-. Lo mismo vale para la noción de máquina abstracta en tanto instancia que integra y diferencia agenciamientos sociales concretos.

			Se ve desde ahora que la perspectiva de Deleuze y Guattari puede, y entendemos que debe, ser comprendida como una perspectiva cabalmente meta-teórica o paradigmática, en la medida que implica un vocabulario específico y una sintaxis conceptual definida y sistemática del más largo alcance.

			

				

				Por meta-teoría o paradigma debe entenderse aquí un conjunto de principios e hipótesis de carácter sistemático, relativos no a este o aquel fenómeno, aspecto o problema de la realidad social, sino al modo general de abordar esa realidad, de definir su estatuto, determinar sus fenómenos y construir sus problemas. Así, Guattari afirmaba del libro
Digamos para empezar, y a modo indicativo, que esta perspectiva micropolítica o esquizoálitica se encuentra atravesada por una serie de vectores epocales, tanto científicos como sociopolíticos, y asume el legado de ciertas corrientes filosóficas en las que se (in)forma. Ha sido forjada en la llama de las revoluciones juveniles, las luchas de descolonización, los movimientos de anti-psiquiatría, el feminismo, el ecologismo y las neo-vanguardias artísticas de fines de los años 1960s. Su trama incorpora de modo particular, a veces idiosincrático, conceptos y razonamientos provenientes de la cibernética de segundo orden y de la teoría de las catástrofes que se desarrollaban a su alrededor, tanto como de la historia de la matemática (cálculo infinitesimal, geometría diferencial, teoría de grupos) y de la física (fundamentos de mecánica cuántica, teoría de sistemas dinámicos). En cuanto a sus referencias filosóficas Spinoza, Leibniz, Nietzsche, Tarde y Bergson se encuentran entre las más importantes, pero no son las únicas.

			

				

				La bibliografía secundaria sobre Deleuze y Guattari ha ido creciendo exponencialmente en los últimos años, y cuenta con una gran cantidad de excelentes trabajos en los que aquí nos apoyamos sin poder citarlos. A modo indicativo sugerimos: para una revisión del linaje filosófico de Deleuze ver
Queda dicho que uno de los principios básicos del análisis micropolítico se anuncia de un modo simple: estamos hechos de líneas o flujos. Pero, de nuevo, ¿qué podría querer decir esto? Se trata, ante todo, de una metáfora y de una manera de hablar que no es en absoluto inocua. La imagen de la multiplicidad de flujos utilizada por Deleuze y Guattari como matriz generativa de un pensamiento sociopolítico alternativo, indica que tanto los individuos como las sociedades se parecen más a arroyos, ríos y océanos, que a mecanismos de relojería (Descartes, Hobbes), edificios de cimientos conflictivos (Marx, Freud), organismos (Spencer, Durkheim) o lenguajes (Lévi-Strauss, Lacan). De manera que donde antes nuestra intuición aprendida tendía a imaginar construcciones definidas y estables hechas de elementos discontinuos, se nos solicita evocar haces de líneas diversas, dinámicas y entretejidas -o lo que es lo mismo, corrientes heterogéneas entrelazadas-. Líneas o flujos entonces, pero diversos, que componen cuadros laberínticos, policromáticos y polirítmicos, como la prosa de Joyce o la pintura de Pollock. Esta aproximación desconcertante para la imaginación sociohistórica vigente en las ciencias humanas (y fuera de ellas), se orienta a producir un cambio radical de perspectiva y sensibilidad, siempre que se la tome en serio. Pero para que esto ocurra es preciso ir más allá de las metáforas y figuraciones sugeridas por esta jerga hidráulica, y llegar a saber qué involucra conceptualmente. Máxime si se atiende al señalamiento anticipado por Deleuze y Guattari: no es sólo un modo de hablar, estamos ante flujos reales. Y más aún: se trata de flujos materiales. De modo que tanto el imaginario como el vocabulario de los flujos deben sostenerse en algún tipo de gramática materialista de lo social, lo psíquico y lo histórico.

			Ahora bien, ¿por qué no es tan fácil dar este paso a la conceptualización? ¿por qué los términos claves de la micropolítica resultan ellos mismos fluidos y enmarañados? ¿por qué nunca son del todo estables y transparentes, siendo que definición y claridad es lo primero que se espera de un concepto? La clave en este punto no reside solo en el carácter experimental que, ciertamente, impregna la obra de Deleuze y Guattari. Se trata, ante todo, de una cierta confusión estructural y necesaria, relativa a los principios (ontológicos) que rigen esta teoría social posestructuralista. En primer lugar, la doctrina de la inmanencia relacional de todo lo que existe. También el rechazo de la identidad y la totalidad junto con la afirmación de la diferencia y la multiplicidad universales. A lo que se suma el desdoblamiento de lo real en actual y virtual, así como la presencia del infinito en ambos reinos. Luego, la misma noción de flujo o línea, clasificada en tres tipos, y comprendida como fuerza productiva de las instancias que la producen. Finalmente, la necesaria continuidad y entrelazamiento que todo esto solicita entre la sociedad, el psiquismo y el resto de la naturaleza. Veamos.

			En reiteradas oportunidades, Deleuze y Guattari pasan sin interrupción, y con los mismos conceptos, del terreno económico al científico, político o militar, y los vinculan a la psiquis y los afectos corporales tanto como a los procesos fisicoquímicos de las más diversas escalas (de los electrones a las galaxias). Es como si presentaran de entrada un paisaje tumultuoso hecho, entre otros millares de cosas, de flujos de moneda, de mercancía, de migración, de tecnologías, de movimientos sexuales y raciales, entrelazados con flujos de palabras, imágenes y emociones, rayos de sol, corrientes aéreas y flujos de agua. Este vascular de tipo delirante que mezcla sin orden aparente fenómenos pertenecientes a registros muy dispares, no responde sólo al gusto por irritar a los especialistas de cada ciencia. Comporta, más bien, el intento de componer una imagen de la naturaleza como trama heterogénea tejida por una innumerable multitud de líneas de fuerza en perpetuo fluir, confluir, colisionar y diferir. Se propone, también, hacer visible la continuidad de los procesos sociales y subjetivos con esa trama cósmica, buscando comprender al campo social y al deseo como parte inmanente de la naturaleza. Para ello son necesarios conceptos pasibles de funcionar en los más diversos registros, y por lo mismo de cambiar parcialmente de sentido según el sistema de referencia, de operar diferencialmente adquiriendo nuevas facetas de acuerdo con el contexto de su utilización. Pero, además, sólo puede haber una claridad relativa en conceptos de este tipo. Ellos deben ser dinámicos o movientes, deben portar cierta imprecisión, carecer de límites fijos y distinciones netas, porque el mundo -o mejor, el caosmos- que expresan y al que pertenecen tiene, precisamente, esas características.

			Se comprende entonces que el concepto de flujo venga a jugar un rol decisivo en este paradigma respecto de las tradiciones clásicas que entienden a la diferencia, el movimiento y la continuidad como segundos en relación con la identidad, el reposo y la separación. Ello porque el campo semántico de este concepto se asocia a las nociones de dinamismo, líneas de fuerza, diferenciales, variación constante, continuidad e interpenetración. También, y por lo mismo, se vincula a las ideas de propagación, difusión, corriente, onda y rayo. Pero una vez establecido esto, resulta imprescindible no detenerse allí y preguntarse cuál es la génesis de estos flujos y cómo se relacionan entre sí. Es preciso, además, abordar otro de los problemas fundamentales que esta perspectiva multilineal crea para sí misma: ¿cómo pensar lo social y sus relaciones con la psiquis, el cuerpo biológico, los objetos técnicos y el medio ambiente, suponiendo que todos son parte de la misma naturaleza?; ¿cómo hacerlo, sobre todo, sin caer en la indiferenciación ni en el ficisismo? Es decir, sin sucumbir ante riesgos que, junto con el monismo ontológico, son propios de esta empresa. Puesto en otros términos, ¿cómo hacer del concepto de flujo una noción básica del análisis sociohistórico postulando a la vez su pertenencia al maremágnum infinito de flujos que es la naturaleza? O, una vez más, ¿qué son los flujos sociales, si hay algo como eso?

		Es posible que la respuesta más esclarecedora a esta cuestión fundamental se encuentre, no por casualidad, en el homenaje ofrecido por Deleuze y Guattari a Gabriel Tarde.

			

				

				

					
Se ve entonces todo lo que Deleuze y Guattari retienen de esta sociología infinitesimal. También para ellos el campo social está hecho de innumerables flujos heterogéneos trans- y pre-individuales; de líneas de deseos contagiosos que pasan por los cuerpos enlazándolos y conduciéndolos en direcciones especificas según ciertas modalidades concretas y detalladas. Por eso afirman que estas líneas son 'lineamientos' y que su carácter es fundamentalmente político -o, mejor, micropolítico-. Aquí, al igual que en Tarde, el prefijo micro no remite solo ni en lo fundamental a las interacciones cara-a-cara, ni a los objetos sociológicos pequeños (la familia o las bandas juveniles, por ejemplo). Antes bien, indica el principio según el cual todo lo que existe socialmente, en cualquier escala, está hecho de diferencias infinitesimales que se repiten difundiéndose, se componen produciendo nuevas diferencias, o se oponen generando conflictos y enfrentamientos. Este principio lo comparten no solo con Tarde sino también con Foucault. Para todos ellos, un flujo o línea de difusión es la repetición de un lineamiento minucioso que se propaga a través de una multiplicidad dada de cuerpos asociándolos y conduciéndolos en una dirección determinada. Además, comparten el principio según el cual el surgimiento de un nuevo fenómeno o configuración social depende del encuentro contingente de líneas preexistentes que se coadaptan de manera inédita. Llaman invención, creación o acontecimiento a ese encuentro coproductivo, y lo hacen sin preocuparse por su grado de complejidad ni de espectacularidad. Estas invenciones pequeñas o grandes son de distintos tipos: técnicas, científicas y tecnológicas, pero también artísticas, políticas, ideológicas y morales. Ellas surgen siempre en lugares y momentos determinados y se propagan colonizando el campo social por el que pasan, transformándolo a su imagen y semejanza. A ello se agrega que su carácter contingente no se limita al momento de su acontecimiento -pueden surgir o no-, sino que también es relativo a su despliegue -pueden propagarse o no. De hacerlo, será siempre con alcances, intensidades y velocidades variables, entrando a cada paso en relación con otras líneas procedente de otras invenciones con las que pueden coadaptarse a su vez. También pueden enfrentarse conflictivamente con algunas de ellas o simplemente diferir. Esto equivale a decir, entre otras cosas, que la contingencia (el azar) es constituyente de la vida social -lo mismo que de toda biografía- y que es preciso incluirlo como categoría fundamental del análisis sociohistórico.

			Se ve porque la micropolítica de Deleuze y Guattari, tanto como la microfísica de Foucault y la microsociología de Tarde, conducen a una aproximación acontecimiental, genealógica y cartográfica al campo social -y no sorprende que esto se verifique también en la asociología de Bruno Latour-.

			

				

				

					
Estos últimos, por su parte, se concentraron en la creación teórica más que en los análisis sociohistóricos. Aun cuando
Más allá de la extensión que desarrollen en cada caso, ambos tipos de líneas son íntimas y sociales a la vez. La diferencia radica en el modo en que relacionan a unos cuerpos deseantes con otros, consigo mismos y con el entorno. El régimen molar de relación es binario y centralizado, de donde se dirá que codifica y territorializa a las multiplicidades humanas por las que se difunde; mientras que el régimen molecular se propaga tejiendo una red polivalente y acentrada que, por lo mismo, descodifica y desterritorializa esas multiplicidades. En cuanto a las líneas de fuga, Deleuze y Guattari afirman que son líneas moleculares aceleradas que no vuelven a territorializarse, por lo que se convierten en líneas de ruptura que potencian la posibilidad de los encuentros creativos (también de los accidentes fatales).

			

				

				Deleuze y Guattari,
Habría aquí una serie de tópicos claves que contradicen nuestra intuición aprendida. Por un lado, como queda dicho, la diferencia entre molecular y molar -o, si se quiere, entre micro y macro- no es aquí de tamaño, sino de régimen. Ambos tipos de relación lineal pueden tener alcance familiar, barrial, regional, nacional o planetario. Ejemplo de ello sería la difusión mundial del feminismo como movimiento molecular, que sigue siendo minoritario no tanto por la cantidad de seguidorxs que compromete como por su relación con los sistemas (patriarcales) de poder que todavía dominan estratégicamente el campo social. Por otro lado, los 'individuos' por los que estas corrientes o regímenes lineales pasan son sus productos antes de ser sus (re)productores. Aquí cada uno es un nodo en una red de líneas, un punto de intersección de corrientes que lo determinan (si son molares) y lo indeterminan (si son moleculares). Pero, además, tanto los individuos como los grupos se componen de ambos tipos de líneas a la vez. De modo que determinación e indeterminación están siempre activas al mismo tiempo y en los mismos lugares, aunque, sin duda, hay momentos y formas de asociación donde unas prevalecen sobre otras. Este último es el caso de las masas y las corporaciones respectivamente. Por último, cabe señalar que la indeterminación relativa producida por los procesos moleculares nunca es el equivalente a la liberación de un cuerpo humano que estaría aprisionado por la sociedad, como puede suponer una lectura romántica (e individualista) del esquizoanálisis. Antes bien, las líneas moleculares son tan sociales como las molares, y por lo tanto son tan férreas y vinculantes como ellas -solo que su direccionalidad es desorganizadora-. Si hay momentos en que 'los notarios avanzan como árabes',

			

				

				
Estos desarrollos conducen a Deleuze y Guattari a formular el concepto de agenciamiento como pieza fundamental de su teoría social maquínica. Concepto que, en lo que importa, es intercambiable con otros conceptos tales como dispositivo (Foucault, Lyotard) y ensamblaje (Latour).

			

				

				También cabe mencionar aquí el concepto de ensamblaje desarrollado en
Otra forma, más ajustada, de presentar este concepto micropolítico es la siguiente: los flujos relacionales traman el campo social tejiendo y destejiendo a los individuos y los grupos, pero una clave es que esos flujos no existirían sin 'máquinas' que los produzcan. Entonces no alcanza con decir que el campo social está hecho de procesos de diseminación de lineamientos (sean molares o moleculares). También está poblado de instancias de integración de esos flujos; instancias que, a su vez, producen nuevos flujos y los comunican o contagian. Tal cosa son los agenciamientos (molares y moleculares). Un agenciamiento es un sistema de líneas que se han conjugado de manera acontecimiental y novedosa, una composición contingente de flujos capaz de re-producirse y de producir efectos específicos. Ahora bien, lo que específicamente producen los agenciamientos en cuestión es realidad social -y, por lo tanto, realidad subjetiva-. Pero no lo hacen al modo de un macrosistema tradicional. Es decir, al modo de una organización social que engendra y/o articula de manera global a los elementos que le son propios. Sucede que no hay nada aquí que pueda ser verdaderamente global y completamente articulado ni en el
Consecuentemente, cada agenciamiento social o colectivo es un caleidoscopio también. Como queda dicho, se trata de sistemas surgidos de la conjugación contingente de flujos de diferente tipo y origen. Este hecho hace que cada uno sea históricamente singular. Hace también que sea un sistema, pero abierto y heterogéneo. Es decir, una máquina social nunca del todo consistente que resulta incapaz de totalizar a sus elementos constitutivos (los flujos), pero que, sin embargo, puede funcionar. La clave de su funcionamiento radica en la generación de flujos antes inexistentes que irán a propagarse formando redes y dando lugar a las formas de subjetividad que les corresponden. Por eso se dirá que los agenciamientos producen un 'réel à venir'.

			

				

				Deleuze y Guattari,
También en este punto la labor de Deleuze y Guattari es más teórica que historiográfica. Se dedican sobre todo a diseñar el concepto de agenciamiento y distinguir sus tipos según el régimen relacional que prevalezca en ellos. De modo que los habrá molares y moleculares. Dando ejemplos foucaultianos, puede decirse que la familia nuclear, el dispositivo de la sexualidad, las fábricas, los hospitales y las prisiones, son agenciamientos molares -también lo son las clases, el derecho y las religiones monoteístas. En cuanto a los agenciamientos moleculares cabe consignar las masas, los fascismos, los feminismos -ejemplos a los que Guattari agrega el sandinismo y el movimiento palestino de liberación. Ambos tipos de agenciamiento tienen una génesis tan multilineal como contingente, y una vez creados o coproducidos, propagan sus líneas colonizando diversos ámbitos del campo social en el que se despliegan, reconfigurándolos de acuerdo con su régimen de relaciones.

			La cuestión ahora es saber cómo están configurados los sistemas sociales así concebidos y cómo trabajan para producir realidades sociales, y subjetivas. A la hora de desentrañar el modo en que los agenciamientos cumplen esta extraordinaria función, Deleuze y Guattari reclasifican los flujos según sean semióticos o extra-semióticos, y los tratan como regímenes de signos y regímenes de cuerpos respectivamente. Con ello, el problema de la producción de la realidad social queda planteado en términos de la conjugación sociohistórica de relaciones específicas entre lo visible y lo enunciable. Es decir, en términos de la articulación, socialmente producida y socialmente vinculante, entre el ver y el hablar o, si se quiere, entre las palabras y las cosas.

			Ciertamente, esta articulación no se concibe aquí según el paradigma de la representación clásica, donde las palabras designan objetos que le son externos (el árbol real fuera del lenguaje, representado por la palabra árbol). Pero tampoco es esta una articulación estructuralista donde el sistema de signos produce el significado de la cosa y, en última instancia, a la cosa misma en lo que tiene de simbolizable - mientras que su realidad (real) permanece inaccesible. Aquí habría un régimen de signos entendido como un 'conjunto de enunciados que surgen en el campo social',

			

				

				
De acuerdo con esto, todo lo que las ciencias sociales conocen con el nombre de institución, y todo lo que Foucault llamó dispositivos de poder/saber, es reconceptualizado en términos de agenciamiento molar. Cada agenciamiento concreto -educativo, militar, judicial, familiar, científico, religioso, etc.- pone en relación específica un cierto número de cuerpos deseantes junto con otras materialidades orgánicas y no orgánicas, al tiempo que los vincula con ciertos enunciados específicos (normativos, técnicos, morales, etc.). De este modo establece un régimen colectivo de relaciones reguladas, de jerarquías y roles, de definiciones cognitivas y afectivas, que producen y reproducen al agenciamiento en cuestión tanto como a las formas de subjetividad que genera. Puesto de modo grosero, pero correcto, se dirá que las empresas producen fuerzas productivas y relaciones de producción tanto como identidades relacionales acordes (dueños, gerentes, empleados administrativos, etc.), que los regimientos crean poder militar junto con oficiales y soldados, así como las escuelas educan fabricando alumnos y profesores. Todos estos poderes sociales, sus redes de relación y sus modalidades de sujeción-subjetivación son pues el resultado específico de esos agenciamientos concretos. En tanto realidades sociales no existían antes de que ellos las produzcan, y desaparecerán cuando ellos desaparezcan o se transformen.

			Pero para completar el esquema descriptivo básico de lo que sea un agenciamiento es preciso que, al eje constituido por la relación entre un régimen de cuerpos y un régimen de signos, se agregue otro, perpendicular al primero, formado por la relación entre los procesos (molares) de codificación-territorialización y los procesos (moleculares) de descodificación-desterritorialización, que atañen a esos mismos cuerpos y signos. El punto más contra intuitivo aquí es que ambos procesos (molares y moleculares) suceden en todo agenciamiento a la vez y necesariamente. La organización molar de las relaciones corresponde bastante bien a los rasgos que una visión sociológica clásica tiene por característicos de una institución o sistema social. Son procesos clasificatorios y jerárquicos, que establecen reglas fijas, definen y estabilizan roles, direccionan comportamientos, sentidos y sentimientos. Dicho en un vocabulario micropolítico, cumplen en 'codificar' y 'territorializar' el
Un resultado de lo anterior es que todo sistema social debe ser concebido y analizado como compuesto, al mismo tiempo, por dos regímenes de relación diversos con lógicas distintas. Una forma de hacer esto visible es realizar la cartografía micropolítica de cualquier institución venerable. A la distancia adecuada se verá que incluso la más organizada y transparente de las organizaciones presenta un notable número de anomalías, lagunas y opacidades. El punto de Deleuze y Guattari es que tales desarreglos son parte sistémica de su configuración, y que esa organización no funciona a pesar de ellos sino gracias a ellos. De allí la importancia que otorgan a Kafka como teórico de la burocracia. No porque pueda reemplazar a Weber en este respecto, sino porque lo complementa y lo subsume en una perspectiva más amplia y fina. Aquella que permite comprender que el más racional de los dispositivos burocráticos funciona siempre en dos registros entrelazados. O, lo que es lo mismo, que todo sistema social es esquizoide en alguna medida y constitutivamente. Sea un organismo de gobierno, empresa o iglesia, su agenciamiento 'normal' resulta pues de la superposición conjugada de una red de binarismos y una red de desviaciones, ilegalismos y equívocos polivalentes -por lo que su organigrama real que es siempre y necesariamente doble-.

		Lo anterior implica, entre otras cosas, que no existe la sociedad ni el individuo tal como los concibieron las tradiciones atomistas y holistas de la teoría social y política -o, al menos, que ni uno ni otro pueden ser tomados como los puntos de partida para dar cuenta de la vida social y subjetiva en su variedad, generatividad, dinamismo y contingencia histórica-. A ojos de esta teoría social maquínica, de haber algo como la sociedad y el individuo, no son ni lógica ni ontológicamente primarios. Y ciertamente no pueden concebirse como entidades separadas, terminadas y fijas. De existir elementos y conjuntos sociales, debe aceptarse que ambos son continuos, abiertos, polifacetados y movientes porque ambos son multilineales. Debe aceptarse, además, que ambos se encuentran estrictamente entrelazados, y que las máquinas deseantes del psiquismo dependen de las máquinas sociales (deseantes también).

			Como vimos, esas líneas de relación que componen a las subjetividades y a los colectivos sociales no solo se diferencian según su régimen (molar o molecular), sino que se distinguen también cualitativamente. Se trata de flujos de deseos trans-individuales y, por así decirlo, están siempre calificados: son flujos económicos, sexuales, jurídicos, políticos, tecnológicos, religiosos, etc. Esto sin olvidar que cada uno está siempre relacionado con (todos) los otros en diversos grados, y eso mismo vale para su vinculación con los flujos biológicos, químicos y físicos con los que se encuentran indefectiblemente tramados.

			Ahora bien, vale repetir que estos flujos sociales diversos no existirían sin aquellas máquinas o sistemas sociales que los producen. Tal es el oficio de los agenciamientos colectivos (molares y moleculares). Señalamos ya que cada agenciamiento conjuga, caleidoscópicamente, flujos semióticos y extra-semióticos diversos con los que produce nuevas relaciones y nuevos lineamientos. Agreguemos ahora que los agenciamientos se encuentran a su vez agenciados o compuestos con otros, en y por una suerte de sistema generativo de máxima abstracción y virtualidad que los integra, los diferencia y se actualiza en ellos. Tal cosa son las máquinas abstractas.

			Este es tal vez uno de los conceptos más difíciles y menos desarrollados de la teoría social micropolítica que nos ocupa, y de la filosofía de la multiplicidad diferencial que le corresponde. Con todo, resulta gramaticalmente imprescindible para que ambas -teoría social y filosofía- puedan funcionar en su intento de dar cuenta de la realidad social en particular, y de la realidad en general. Para bosquejar el perfil de este concepto, digamos que su rol más importante es el de responder por la composición de los agenciamientos entre sí. Una máquina abstracta es un agenciamiento de agenciamientos o, si se quiere, una máquina de máquinas. Solo que, dado el principio de inmanencia que rige el reino deleuziano, no puede ser trascendente a aquello que compone. De modo que una máquina social abstracta actúa 'entre' y 'dentro' de los agenciamientos que co-adapta y dirige. Trabaja en el seno de cada uno de ellos conjugando sus regímenes de signos y sus regímenes de cuerpos por medio de su integración conjunta en una función general. Al mismo tiempo, asocia transversalmente a estos agenciamientos que articula desde dentro, componiendo con ellos un plano que los coordina parcial pero estratégicamente. Es decir, que los dispone o diagramatiza, trazándoles un plan o dirección compartida, pero sin totalizarlos -caleidoscopio de caleidoscopios-.

			El rasgo que distingue a estos singulares sistemas sociales es su carácter intensivo e informal. Lo que significa que son sistemas de funciones, pero de funciones abstractas (afectar, orientar, imponer, conectar), que trabajan sobre materias que no están formadas (cuerpos, fuerzas, relaciones) para articularlas y darles forma. Y lo hacen actualizando esas funciones abstractas de modo diferencial en agenciamientos que son adjetivados como 'concretos', precisamente, porque cada uno de ellos provee de fines y medios determinados a esas funciones inespecíficas, tanto como da forma definida a esas materias informes (V.gr. educar alumnos, medicar enfermos, adiestrar y controlar trabajadores).

			Para ilustrar esto, Deleuze relee al derecho penal y a la prisión como agenciamientos concretos que, en la modernidad, se encuentran conjugados en y por una máquina abstracta disciplinaria.

			

				

				

					
La conjugación de cuerpos y signos en un agenciamiento concreto implica, entonces, la intervención de una máquina abstracta que los ajusta funciones estratégicas comunes. Son precisamente esas funciones las que permiten integrarlos con -y diferenciarlos de- otros agenciamientos, y volverlos isomorfos con ellos en un mismo 'plano de organización'. Esto es, en un esquema de conjunto y plan general. Así, el diagrama panóptico cuyas funciones abstractas son, en palabras de Deleuze, 'imponer una conducta o tarea cualquiera a una multiplicidad humana cualquiera',

			

				

				
De acuerdo con lo anterior, la cartografía micropolítica debe asumir como una de sus tareas principales el mapeo de los diagramas que operan dentro de un campo social dado produciendo su consistencia y organización general. Deleuze sostiene que 'toda sociedad tiene su o sus diagramas'

			

				

				
Se ve porqué la declaración programática 'estamos hechos de flujos' es todo, menos inofensiva. De hecho, implica una perspectiva general fundamentalmente descentrada respecto de las distribuciones ontológicas y epistemológicas dominantes en el sentido común tanto como en las ciencias y las humanidades occidentales. Descentrada, ante todo, respecto de la clásica dualidad individuo-sociedad, pero también de las alternativas objetivo-subjetivo, agencia-estructura y micro-macro. Cumplir con la consigna postestructuralista de 'pensar de otro modo' es pues, para Deleuze y Guattari, pensar multilinealmente. Y es que, como queda dicho, el concepto de flujo cumple en desalojar a la metafísica atomista del individuo y 'sus' deseos de la teoría social y política; mientras que los conceptos de agenciamiento y máquina abstracta sustituyen las nociones de sociedad y sistema social debido al sustancialismo homogeneizante que comportan sus tradicionales definiciones holistas. Estos conceptos micropolíticos bosquejan una nueva imagen (o una imagen otra) de lo social. En conjunto, conducen a una comprensión radicalmente relacional de la sociedad, la política y la subjetividad -así como del resto de la naturaleza.

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					Deleuze, Gilles & Guattari, Félix. . Paris: Minuit , 1972.Gilles Deleuze y Félix Guattari,

					Deleuze, Gilles. . Paris: Flammarion, 1977.Gilles Deleuze,
Agradezco a lxs revisorxs de este texto por sus agudos y constructivos comentarios. Agradezco también a lxs Editores de En-claves del Pensamiento por su valioso trabajo.

			Gilles Deleuze,
Por meta-teoría o paradigma debe entenderse aquí un conjunto de principios e hipótesis de carácter sistemático, relativos no a este o aquel fenómeno, aspecto o problema de la realidad social, sino al modo general de abordar esa realidad, de definir su estatuto, determinar sus fenómenos y construir sus problemas. Así, Guattari afirmaba del libro
La bibliografía secundaria sobre Deleuze y Guattari ha ido creciendo exponencialmente en los últimos años, y cuenta con una gran cantidad de excelentes trabajos en los que aquí nos apoyamos sin poder citarlos. A modo indicativo sugerimos: para una revisión del linaje filosófico de Deleuze ver Jones, Graham, and Jon Roffe (eds.).
1. Edinburgh: Edinburgh University Press , 2009.Jones, Graham, and Jon Roffe (eds.)

					Deleuze, Gilles & Guattari, Félix. . Paris: Minuit , 1980.Gilles Deleuze y Félix Guattari,
Para una perspectiva general de la filosofía neo-monadológica de Tarde y de su sociología infinitesimal me permito remitir a Tonkonoff, Sergio. . New York: Routledge: 2024.Sergio Tonkonoff.

					Tarde, Gabriel. . Paris: Alcan , 1907.Gabriel Tarde,

					Latour, Bruno. . Oxford: Oxford University Press, 2005.Bruno Latour,
Para la relación entre la sociología infinitesimal de Tarde y la microfísica del poder de Foucault, así como la relación de ambas con la micropolítica deleuziana ver Tonkonoff, Sergio. . London: Palgrave Macmillan, 2017.Sergio Tonkonoff.
Deleuze y Guattari,
También cabe mencionar aquí el concepto de ensamblaje desarrollado en De Landa, Manuel. . Edinburgh: Edinburgh University Press , 2016.Manuel De Landa,
Deleuze y Guattari,

					Deleuze, Gilles. . Paris: Minuit, 1986.Gilles Deleuze,

					Foucault, Michel. . Paris: Gallimard, 1975.Michel Foucault,
Al decir de Deleuze, causa inmanente 'es una causa que se actualiza en su efecto, que se integra en su efecto, que se diferencia en su efecto. O más bien, causa inmanente es aquella cuyo efecto la actualiza, la integra y la diferencia'.