
Fenomenología de la avaricia. Ensayo de una radicalización de la crítica del dinero
En-claves del pensamiento
Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de MonterreyLa tesis central de este artículo es que el análisis fenomenológico de la avaricia permite radicalizar la crítica marxiana del dinero -especialmente aquella desarrollada en los Grundrisse- al reconducir dicha crítica, centrada en la acumulación como fuerza natural del capitalismo, hacia su sustrato afectivo y sentimental: la experiencia de una carencia infinita, que funciona como motivación mistificada del capitalismo postindustrial. En una primera instancia, describo la correspondencia estructural entre el dinero y la avaricia a partir de los análisis de Marx en los Manuscritos de Economía y Filosofía, donde la avaricia aparece como una de las tres condiciones estructurales del capital (junto con la competencia y los monopolios). En El capital, esta fuerza de acumulación se encarna y escenifica en la génesis misma del capitalismo. En una segunda sección, analizo la función ideológica del concepto de 'ganancia' en el sistema capitalista, tanto en su vínculo con el dinero como en su expresión como forma de razón autónoma: una racionalidad instrumental que contrasta con el concepto husserliano de racionalidad desarrollado en los ensayos sobre la Renovación del hombre y la cultura. Finalmente, propongo -en un sentido programático- el agón como contravalor de la pleonexía y como posibilidad para una renovación moral de la competencia económica.

			En los
La fenomenología permite la reconducción de la crítica del dinero a la experiencia concreta del sujeto económico, el sujeto que vive, intercambia, es explotado y explota a otros. La avaricia es un sentimiento moral, una figuración social de la sensibilidad o bien, un modo de la sensibilidad que brota en el individuo en el trato con los otros, y en la acción intersubjetiva. La avaricia es un sentimiento de falta infinita; es impulso, necesidad compulsiva de acumulación de capital. Y en tanto condición sentimental, la avaricia es elemento estructural en el esquema marxiano de reproducción del capital. Por ello, y en el fondo, la fenomenología de la avaricia es fenomenología de la explotación porque la explotación es el régimen de socialidad del capitalismo, y se explica en razón del incremento de las ganancias. La categoría de ganancia racionaliza la avaricia en el sistema capitalista, institucionaliza la compulsión acumuladora de dinero. La crítica del capitalismo comienza en la crítica del dinero, en la crítica del valor que es ya siempre plusvalor, síntesis y logro del sistema de explotación que sostiene al capitalismo. Por ello los
El desarrollo de la tesis central de este ensayo (o intento de reconducción de Marx a Husserl) se estructura en tres partes, en la primera me ocupo de la relación de correspondencia estructural entre avaricia y dinero; en la segunda trato la posibilidad de una crítica del concepto de ganancia a través del desensamblaje de la idea de 'racionalidad' sistémica que la sostiene y neutraliza moralmente. Por último, en el tercer apartado, expongo la relación entre avaricia y competencia, y la posibilidad de anteponer lo agonístico,

			

				

				Me sirvo aquí del concepto de 'agonístico' tal como lo define
¿Por qué el avaro acumula dinero y no otra cosa? Como tierras raras u hojas de plantas coloridas ¿Es posible separar la avaricia del dinero? Negri dice que el mayor alcance de los
La avaricia es infinita insatisfacción, falta insaciable, impulso que no llega nunca a su pleno cumplimiento (en una expresión paralela a la del cumplimiento de los actos intencionales, los actos intencionales exigen un cumplimiento o confirmación; los impulsos buscan una satisfacción sensible). La avaricia solo se desborda en la acumulación, no se satisface ni se contiene; la acumulación agranda su vacío, su falta infinita; y esta infinitud se corresponde con la infinita reproductibilidad del dinero, la naturaleza automática de esta condición es el correlato de la pasividad que envuelve la acción y el impulso del avaro, la acumulación: '[El dinero] puede comer y beber, ir al teatro y al baile […] Pero siendo todo esto, el dinero no puede más que crearse a sí mismo, pues todo lo demás es siervo suyo […] Todas las pasiones, deben pues, disolverse en la avaricia' (Marx, 2013: 194). Cuanto más acumula más requiere el avaro, su falta es más honda ¿Falta de qué? Esto tiene que ver directamente con lo que el dinero suple, provee, significa, devora, contiene, representa, es decir, todo, esa totalidad en la que su propio valor se niega y se diluye. El dinero tiene un poder transustanciador de todos los objetos y todos los valores, de la personalidad y la libertad humana.

			

				

				'Es la divinidad visible, la transmutación de todas las propiedades humanas en su contrario, la confusión e inversión universal de todas las cosas; hermana las imposibilidades'. Marx,
El avaro del capitalismo postindustrial no es el tacaño rentista de Moliére, que se apega a su riqueza y su apego determina la desconfianza con la que se ve en el mundo. Tampoco es el coleccionista de plumas fuente que se deleita en la contemplación de la unidad perfecta de su colección, se satisface en ella, tanto como en el logro de cada pieza, en la peculiar belleza de cada parte. El valor de la colección no precede al de las piezas unitarias que arrastran un contexto vital, biográfico, más amplio. El coleccionista, a diferencia del avaro, encuentra la satisfacción de su impulso en el goce. En la contemplación de sus logros el coleccionista se encuentra y es libre, se expresa en lo que colecta y compone como tal, porque esa composición es la dimensión lúdica del coleccionismo. El avaro no es libre en la acumulación, vive sometido a su impulso que no se contenta en la contemplación de lo que posee sino que vive del acto automático (también esto quiere decir impulsivo) de la acumulación. El tacaño rentista tiene una riqueza limitada, no es el avaro productivo, sino el ascético en la caracterología de Marx. 
			 
				 
				'Esta ciencia [la Economía Política] de la industria maravillosa es al mismo tiempo la ciencia del ascetismo, y su verdadero ideal es el avaro ascético, pero usurero, y el esclavo ascético, pero productivo. Su ideal moral es el obrero que lleva a la caja de ahorro una parte de su salario'. Marx, Manuscritos de economía…, 193. 
			12 El tacaño valora sus posesiones y se encuentra a sí mismo en ellas, deposita su valor en lo que tiene y es el tener lo que le da sentido a su existencia frágil y dependiente. Por el contrario, el avaro del capitalismo financiero no se encuentra a sí mismo en el dinero que posee, ni se encuentra en ningún lado. Bajo la máscara de la opulencia y el exhibicionismo no hay nada porque la avaricia es ciega, es el impulso de un yo dormido, que no es un yo racionalmente motivado. La avaricia es un sentimiento de falta que carece de un valor concreto, no es como el amor que se dirige a lo amado. No es un sentimiento pre-egoico, sino de base egoísta, es decir, sin ser intencional, como impulso patológico de acumulación, la avaricia desborda la voluntad egoica, no es pre-egoica en sentido genético, pero tampoco es egoica en el nivel del yo activo o despierto.

			En este sentido, la estructura trascendental de la avaricia es más bien cercana a la del dolor, como fuerza que se impone sobre la voluntad del yo, aunque en el caso del dolor hay una forma de resistencia y oposición, la del yo doliente, en el caso de la avaricia, la falta se impone al yo de la voluntad, pero este no se resiste, sino que se empeña, se vacía a sí mismo en la acumulación, se aliena, por ello el acto de acumulación no equivale a una satisfacción. Natalie Depraz llama 'post-reflexivos'

			

				

				

					
La avaricia es un sentimiento a-social, que atenta contra los valores de realización del individuo y de la sociedad, en este sentido es un sentimiento inmoral,

			

				

				Esta definición no contradice la primera prestada líneas arriba, en la medida en que la anterior define el carácter social e histórico de los sentimientos humanos, respecto del cual se entiende la inmoralidad, como una modalidad negativa de esa estructura que expresa el significado de lo 'a-social'.

			16 pues disminuye las posibilidades o capacidades del yo al volcar todo el sentido de su existencia en la acumulación de dinero. Por su parte, Marx define la avaricia en un sentido todavía cercano al de la tacañería: 'Cuanto menos comas y bebas […] cuanto menos pienses, ames, teorices, cantes pintes, esgrimas, etc., tanto más
La inmoralidad de la avaricia no deviene solo del hecho de que es un sentimiento de base egoísta o a-social, pues también lo es la envidia que, si bien es un defecto de carácter y miseria de quien la padece, no tiene la profundidad inmoral que lastra a la avaricia, y esto es así porque la auto-reproductibilidad del dinero es generadora de un valor agregado. Lo que el avaro acumula es plusvalor, un valor más que añadido, extraído, explotado o expoliado al obrero o a la naturaleza. El egoísmo del avaro es explotación y despojo, porque el valor del dinero es en realidad plusvalor, necesariamente despojo y alienación del otro.

			A partir de su posición respecto del dinero como poseedores o desposeídos, el límite de la pobreza y la riqueza, siempre palpable y visible, se transfigura en la frontera de dos esferas morales, es decir, el dinero hace de la pobreza una condición moral, o mejor, inmoral del sujeto, y desplaza en esta minusvalía la condición de clase, es decir, la causa de la cual la pobreza es resultado. ¿Cómo es posible tal desplazamiento de una condición inmoral, la avaricia, a una condición material-circunstancial, la pobreza? Es el poder del dinero el que produce esta transmutación de lo moral en inmoral, y que en el sistema capitalista se justifica en el principio de la 'ganancia'.

			En el análisis de Marx, centrado principalmente en la emergencia de las manufacturas en Inglaterra, la transformación del dinero y de los medios de producción en capital comienza en el despojo de los campesinos a quienes se les arrebatan los medios de su subsistencia para convertirlos en obreros: 'La llamada acumulación originaria no es, por consiguiente, más que el
Cuando Adam Smith habla de leyes naturales del mercado y de su racionalidad interna, se refiere a una legalidad natural, material y cosmológica en la que estoicamente confía; como confía en la posibilidad de construir una ciencia de lo social, de lo económico y lo moral, con el rigor y fundamentos materiales de la física newtoniana. Hay que ver con cuidado el proceso en el que esa idea de racionalidad simplemente se integra en la observación científico-económica, como criterio de una funcionalidad orgánica independiente o previa a la razón humana. La racionalidad interna que rige el orden de la naturaleza no es la razón humana, sino la legalidad que la razón descubre en una naturaleza entendida como meramente fáctica, como una mera realidad de hechos, y en ella, también la realidad económica. Esa facticidad, como la reproducción de las sequoias o el crecimiento de los arbustos, puede ser observada, racionalizada, pero no determinada a voluntad. Salvando las distancias de la comparación, el liberalismo tiene la economía como problema en el mismo modo en que un ecólogo tematiza un ecosistema. Así nace el modelo de la economía moderna, como ciencia de los hechos económicos. La racionalidad del proyecto liberal, que en mucho se excusó tras las orientaciones deformadas de Adam Smith, tiene su primera ancla en esta idea de legalidad interna de los efectos físicos, naturales, entre los que se ubican los 'hechos sociales', y el mercado o el intercambio como el primero entre ellos. Veremos que la racionalidad, como categoría económica se convierte en el modo ideológico de institucionalización de la avaricia y su justificación moral. Desde esta perspectiva racional, o de la racionalidad económica, Adam Smith no ve en el mercado un todo intersubjetivo cuyas acciones son el resultado de una suma de voluntades individuales, ni el intercambio tiene este sentido de encuentro y enlazamiento de colectivos, etc. El mercado aparece ya como una abstracción, un todo de operaciones en las que lo individual se subordina a las leyes universales, o racionalidad interna del sistema mercantil.

			No obstante, Adam Smith no es Milton Friedman, y aclara siempre que la naturaleza del mercado sólo puede ser libre, según lo exigiría su propia naturaleza, si quienes intercambian lo hacen en condiciones de igualdad. Estas son las condiciones mismas del mercado como un escenario agonístico, como dimensión libre de la socialidad humana.

			

				

				'La política de Europa, al limitar la competencia en algunos sectores a un número menor de personas del que estaría dispuesto a entrar en ellos en otro caso, da lugar a una desigualdad muy importante en el conjunto de las ventajas y desventajas de los diversos empleos del trabajo y el capital. Segundo, la política de Europa, al aumentar la competencia en algunos empleos encima de lo que sería natural genera otra desigualdad de índole contraria'. Smith,
Ahora bien, esto nunca existió, nunca ha existido un libre mercado: 'La crítica cotidiana al Liberalismo ve en ese hecho básico un predominio del mercado libre sobre la política. Pero no es así, porque no es posible hablar de 'economía de mercado libre'. Ninguna de las grandes empresas del mundo ha alcanzado su actual tonelaje sin la protección estatal' (Oswalt, 1999: 142). Adam Smith previó que las condiciones de desventaja podrían ser instauradas por el Estado, por lo que la conformación de un Estado mínimo parecía, nuevamente, la vía más racional. Lo racional no define aquí lo justo (lo digno, lo humano), sino lo necesario en el orden de la naturaleza. La ganancia se entiende en esta perspectiva como la legalidad última de una racionalidad neutral, en tanto es la 'ley natural' del sistema.

			

				

				'En el transcurso de la producción capitalista se desarrolla una clase trabajadora que, por educación, tradición y hábito reconoce las exigencias de este modo de producción como leyes naturales, evidentes por sí mismas […] el proceso capitalista desarrollado quebranta toda resistencia […] Es posible confiar el obrero a las 'leyes naturales de la producción''. Ibid., 922.

			23 Es decir, la ganancia es la razón del capitalismo, pero en cuanto categoría emanada del naturalismo
Sería necesario desprender capa por capa las composiciones y recomposiciones de la democracia moderna, sobre todo, será necesario reconocer que hay una diferencia esencial entre el proyecto del Estado liberal y su realización como política-económica neoliberal. Del lado de la teoría crítica, por ejemplo, Chauí ve con claridad que el punto de quiebre fue el originario afán político (desarrollista) del Estado, su preocupación por apertrechar la inmoralidad del capital al proveerlo de lo necesario para la fácil multiplicación de sus ganancias. En el esquema neoliberal el crecimiento de las ganancias es directamente proporcional a la pauperización del trabajo asalariado y, por lo tanto, a la también creciente diferenciación social entre poseedores y desposeídos. La segunda tarea del Estado fue garantizar servicios públicos que siempre crecieron a menor velocidad que las diferencias generadas por el desarrollo capitalista. Llegado el momento el Estado de bienestar no fue capaz de sostener los dos frentes, y se propuso renunciar al segundo, el menos prioritario en términos racionales.

			

				

				

					
De acuerdo con el programa liberal, para que haya libre mercado debe haber condiciones de igualdad, pues la igualdad es la fuente de sentido de la competencia. No puede haber competencia sino sometimiento ante quienes ostentan ventajas, y no son iguales al comienzo del juego, este origen es la 'prehistoria del capital', como llama Marx al momento del despojo que constituye el tránsito del dinero a capital. Esa ventaja de inicio es la 'acumulación originaria'.

			

				

				'La expoliación de los bienes eclesiásticos, la enajenación fraudulenta de las tierras fiscales, el robo de la propiedad comunal, la transformación usurpatoria, practicada con el terrorismo más despiadado, de la propiedad feudal y clánica en propiedad privada moderna, fueron otros tantos
Si la única razón del capitalismo es la acumulación de riqueza -la reproducción de las ganancias- era a todas luces irracional seguir manteniendo un Estado de bienestar que 'sangraba' al Estado los recursos que racionalmente había que dedicar al crecimiento del capital. La crítica de la racionalidad del capitalismo, como categoría y como horizonte deshumanizado depende de la crítica del dinero, como se entiende a través de Negri, pero la crítica del dinero conduce siempre al análisis de la avaricia porque la ganancia (como horizonte existencial del capitalismo) es la institucionalización neoliberal de la avaricia, su racionalización. Avaricia y ganancia integran un circuito justificado por la racionalidad como meta auto-reproductiva del capital.

			¿Dónde comienza la crítica de la racionalidad del capitalismo? La antropología no logró desensamblar los supuestos evolucionistas que lastraron el concepto, y más bien se concentró en limitarlo materialmente, o contener de alguna manera su totalización como hicieron en los análisis de economía del campesinado y otros sistemas tradicionales de intercambio. La filosofía, por su parte, se ha decantado por una forma de irracionalismo que se opone al criterio economicista y desarrollista de la razón ya no sólo capitalista, sino en cuanto tal, occidental. La crítica filosófica ha puesto todo en la misma hoguera, la razón, la conciencia o la subjetividad, la modernidad, la praxis científica, todo ha ido a parar en cenizas y sentimentalismos existencialistas tras la guerra. Es como decir que, si la única racionalidad posible es la racionalidad económica, entonces es preferible dar la espalda a esa razón, sin reparar en la trampa ideológica a la que se arrastra este discurso.

			 No hay racionalidad alguna en un sistema que se sostiene en la avaricia, y en modos de acumulación esencialmente violentos.

			

				

				'En la historia real el gran papel lo desempeñan, como es sabido, la conquista, el sojuzgamiento, el homicidio motivado por el robo: en una palabra, la violencia'.
Pero aquí hay un punto de confluencia de las diversas posiciones de la crítica, quizá de sus distintos niveles. Se trata de la forma en que los discursos científicos, las orientaciones, la praxis científica, se prefigura y determina en el marco metafísico que la filosofía produce, o en el que ella misma se reproduce. Para Husserl, meras ciencias de hechos hacen meros hombres de hechos; para Marx, la economía política de sus contemporáneos hace más que meros hombres de hechos, reduce al ser humano a la menos valiosa de las cosas del mundo, lo envilece. Pero en última instancia, esa idea de ser humano como cosa y recurso está filosóficamente legitimada en una idea sí, filosófica de racionalidad, un concepto del que sólo la filosofía puede hacerse responsable. En el caso de Marx la filosofía era el paisaje
La racionalidad del capitalismo tiene la función de neutralizar o naturalizar la inmoralidad de la ganancia, al situarla en el sistema de la naturaleza, en el orden sistémico y libre del mercado, así la ganancia es el resultado de la racionalidad causal que determina la dinámica propia, no del intercambio, sino de la reproducción del dinero. La razón del capital es vaciamiento del sentido humano del dinero, o bien, naturalización de la avaricia, es decir, inserta la inmoralidad del avaro entre los factores mecánicos de reproducción del sistema. El neoliberalismo se reproduce a través de una idea de racionalidad trasfigurada, que pone en un primer plano la pasividad de sujetos sustituibles en la medida en que no preceden a sus funciones siempre homogéneas dentro del sistema. La economía precede a la vida, por eso no se califica a sí misma como moral o inmoral. A esta condición apunta la crítica husserliana de
Los actos codiciosos o de acumulación no son, sin embargo, actos racionales en sentido crítico, pues lo racional se define como opuesto a lo impulsivo, a la ceguera del impulso no-yoico o de-reflexivo que caracteriza a la avaricia. Las acciones racionales o racionalmente motivadas del sujeto se definen como actos de un yo despierto, y sus actos tienen su génesis en un juicio, en una reflexión sobre un juicio, etc. Son actos volitivos, no determinados pasiva sino activamente. La avaricia, es un sentimiento de falta; la falta de un yo que cede su voluntad, que se pierde en el
Los actos racionalmente orientados buscan valores duraderos que propicien, según Husserl, una satisfacción o contento duradero. 'Configurada como una vida que vivida con perfecta conciencia moral, como una vida que su sujeto sea capaz de justificar ante sí en todo momento y por completo […] Una vida que traiga contento puro y duradero' (Husserl, 2002: 34). En el fondo de esta satisfacción duradera no hay más que una autosatisfacción, un contento con la propia vida, es decir, una vida que se vive libre de contradicciones. La vida que busca valores permanentes es lo opuesto de la existencia volcada en la acumulación compulsiva, pues la primera encuentra una mismidad que se satisface en sí misma, en lo que es (sin contradicción); la segunda no se encuentra, no puede encontrarse en el vacío que la acumulación profundiza. La avaricia es un impulso ciego, un sentimiento de falta, y por lo tanto, un sentimiento histórico, a-social, irracional. Lo irracional es la ganancia, es decir, la avaricia institucionalizada

		La acumulación, como tendencia del avaro a tener más, mantiene una relación negativa con el instinto agonístico o el impulso de la competencia, posiblemente tanto como con la tendencia social al intercambio. El impulso pleonéxico a tener más, a acumular más y más dinero, parece emparentado con el natural instinto del yo a su autoafirmación en la superioridad agonística que no es más que el instinto o la natural tendencia a ser más que el otro. La relación entre avaricia y competencia en el marco histórico concreto del capitalismo neoliberal es especialmente compleja, dadas las múltiples capas de sentido que se han sedimentado sobre el contenido de la competencia desde el sesgo evolucionista del propio Marx, quien incluye en las tareas críticas del capitalismo la revisión de la relación entre competencia y monopolio.

			

				

				Este sesgo arraiga en la propia formación de Engels en la tradición evolucionismo unilineal que ordena los análisis de El origen de la familia, la propiedad privada y el trabajo, y se manifiesta con especial claridad y fuerza en su propia definición de la competencia, más allá de los Manuscritos, en El capital: 'El análisis científico de la competencia —afirma Marx— sólo es posible cuando se ha comprendido la naturaleza intrínseca del capital, así como el movimiento aparente de los cuerpos celestes sólo es comprensible a quien conoce su movimiento real, pero no perceptible por los sentidos'. Marx,
La competencia es una tendencia básica del animal humano, su determinación básica atañe pues a la constitución anímica o puramente animal del hombre. Todos los animales compiten, y en sus competiciones, igual que en las humanas, hay exhibicionismo, protagonismo, caos momentáneos, lucha, teatralización y fingimiento. La competencia humana, en todo caso, se distingue no sólo por el desarrollo de capacidades (psicofisiológicas) que el juego exige del sujeto, sino por el orden simbólico e imaginario en el que se despliega el juego humano, tanto como su determinación autoconsciente. El humano juega e imagina que juega, juega y sabe que juega. La competencia agonística representa una entera dimensión de trato con el otro, es un modo de empatía auténtica, que exige el pleno reconocimiento de la igualdad del otro, la igualdad de circunstancias y la igualdad de cuerpos. La ventaja o la trampa invalidan el juego. El instinto agonístico es regulado en el juego, humanizado, dignificado en las formas lúdicas de la existencia y exige esencialmente esa condición de reconocimiento igualitario; más que mera parificación es reconocimiento auténtico de una igualdad que la victoria quiebra instaurando una legítima superioridad, basada no en el sometimiento, sino en la dignidad y el honor.

			Pues bien, todos los valores sociales o sentimientos alegres que el juego irradia en los jugadores conforman un ámbito opuesto al de la ganancia. En el capitalismo neoliberal lo agonístico es destruido por la ideología de la ganancia. La ganancia es lo opuesto al ganar del juego,

			

				

				'Un pueblo está en su apogeo industrial cuanto lo principal para él no es la ganancia sino el ganar. En esto los yankees están por encima de los ingleses'. Marx,
La diferencia histórica que el dinero instaura clausura lo agonístico como momento esencial de la constitución del hombre. Querer más, querer acumular más es lo opuesto de querer ser más que el otro en el reconocimiento buscado desde la dignidad de los pares, de los iguales. La competencia es el ámbito de la libertad que deriva de ese igual reconocimiento, esa igualdad expuesta de las voluntades que juegan y compiten y juegan a competir. Sin embargo, es imposible la competencia cuando los ricos son capaces de apostar vorazmente a las pérdidas, a un sistema sostenido de pérdidas anuales, hasta desangrar a la producción local incapaz de resistir en condiciones de absoluta vulnerabilidad fiscal y que se ve obligada a precarizar los puestos laborales o disolverlos. La meta del capitalismo neoliberal no es la producción sino la ganancia, el objeto de la avaricia no es el dinero, sino la acumulación, y la acumulación significa vaciamiento del sentido humano de la producción, tanto como del intercambio.

			Ahora bien, el concepto de competencia aparece incrustado en el modelo liberal que el propio Marx critica, y hace también de la competencia un factor de reproducción del capital. Respecto de este delicado punto hay que considerar nuevamente el sesgo naturalista que impregna el lenguaje marxiano a través de Engels, y patente en
Chauí define la ideología, en estricto sentido marxiano, como la imposición de una falsa conciencia a través de un conjunto de principios prácticos y valores orientadores que sirven a unos cuantos, a los dueños de los medios de producción, que hacen pasar estos principios y valores como bienes de la humanidad. Aquí aparece ya una raíz del problema, pues esta idea de humanidad es en realidad el reflejo ideológico -e ideologizante- de esos mismos intereses de la clase dominante. Para Chauí, las instituciones modernas, las que articulan el Estado liberal, son el escenario en el que materialmente se instaura esa idea de humanidad, condición humana, o subjetividad. La ideología, según fuentes como Chauí, es puesta como una estructura que se autorreproduce con independencia de los sujetos que en ella, a través de ella, configuran u orientan su existencia.

			Chauí considera que la competencia es un recurso y mecanismo ideológico de la reproducción del capitalismo sin detenerse a ver la efectiva tensión que juega respecto de la tendencia a la monopolización de mercados y capitales. 
			 
				 
				Como veremos, el problema de esta interpretación deriva de dos condiciones centrales, la primera es la visión naturalista —heredada por Marx— de la competencia. La segunda es la contradicción en la que entra con la competencia como elementos estructural y sentimental de la reproducción del capital, como aparece en un inicio en los manuscritos de 1844. 
			36 La competencia es incompatible la acumulación. La incompatibilidad se solventa en el matiz del tipo de competencia al que se refiere esa determinación inicial que Marx define como 'tendencia'. El sentido sociobiológico de la competencia sería ya, de hecho, una primera legitimación ideológica del capitalismo neoliberal. Esto nos aclara el marco en el que se comprende ese concepto de competencia, como parte estructural o esencial de la animalidad pre-humana, o, pre-agonística; como competencia animal, en sentido global, capacidad de autosubsistencia, expresada como dominio técnico de la naturaleza. En el evolucionismo la técnica es la medida de desarrollo de las sociedades, esta misma idea, pasa a la medida neoliberal del desarrollo como competencia en tanto potencia de una sociedad (Estado o transnacional) de concentrar en sí misma la mayor cantidad de riqueza (o consumir la mayor cantidad de energía). La competencia es mensurable así que el criterio de comparación y superación se transfiere a las cantidades dinerarias y de riqueza acumulada como prueba de un triunfo absoluto, pero que de ningún modo se confunde con la victoria agonística. La competencia definida en el marco del naturalismo sociobiológico es prácticamente asocial; en sentido biológico esta posición antepondría el egoísmo como principio de auto-pervivencia de los organismos, y por ende del yo o de la conciencia. Esta forma de egoísmo, ya pasado por el tamiz naturalista del siglo XX, se convierte en el discurso ordinario en individualismo.

			La parcialidad de la interpretación de Chauí estriba precisamente en poner la competencia como ideología, pasando por alto el hecho de que Marx mismo la define como condición material, pues es tendencia, instinto, naturaleza humana, del género humano. Ya el hecho de que la tendencia a la competencia entre en tensión, o más bien contradicción continua con la otra tendencia, a la monopolización, es indicador de su determinación material, no ideológica: 'El neoliberalismo -dice Chauí- al afirmar que los imperativos del mercado son racionales y que, por sí mismos, son capaces de organizar la vida económica, social y política, introduce la idea de competición y competitividad como suelo infranqueable de las relaciones sociales, políticas e individuales' (Chauí, 2018: 88) Sin embargo, la ideología no contradice los mecanismos reproductivos, ni está en tensión con ellos. Chauí pasa por alto su originaria determinación material dada precisamente como tendencia, impulso dependiente de un instinto subjetivo y auto-constituyente.

			Ahora hay una ideología de la competencia, la generada por la crítica de la ideología de la competencia, que bien podría entenderse, conforme a sus propios términos, como meta-ideología de la competencia. Y es que al reducir la competencia a una forma o capa de la ideología neoliberal neutraliza su sentido antropológico y racional, es decir, su valor agonístico. La ideologización de la competencia les lava la cara a los monopolios pues en teoría descalifica la competencia que en los hechos los monopolios destruyen, y hacen inviable. La crítica de las ideologías se ha convertido en un momento del circuito ideológico de la reproducción del neoliberalismo y sus camaleónicos encubrimientos. Lo necesario o urgente, parece ser una reconducción radical de la ganancia a sus fuentes deshumanizantes de sentido, ese sería el principio marxiano de la crítica de la racionalidad económica.

			La recuperación de los espacios de competencia, o su demanda, no significa la defensa del libre mercado en los términos del monopolismo actual, sino apelar a la re-moralización del juego económico a través de lo agonístico (la competencia) y no de la pleonexía, o bien, de la misma liberalidad aristotélica, el justo medio entre avaricia y prodigalidad.

		La avaricia es un sentimiento de falta infinita que se reproduce a través de la acumulación de dinero. El dinero se auto-reproduce y ahonda la falta del avaro que sostiene la inmoralidad del sistema capitalista. La crítica del dinero nos obliga a reconducir o reducir fenomenológicamente su valor a la avaricia, a los actos ciegos e irracionales de acumulación, que el capitalismo traviste con la categoría de ganancia o racionalidad o legalidad intrínseca del sistema de reproducción y transmutación del dinero. La ganancia es, más que una categoría económica, la institucionalización capitalista de la avaricia, su racionalización a través de una visión sistémica, mecánica y deshumanizada de la realidad de la vida económica. El régimen avaro destruye la competencia y es un continuo atentado contra la esfera entera de lo agonístico, libre, auténtica y racionalmente humano. Habría que entender por régimen avaro el complejo campo sentimental -egoísmo, miseria, alienación, compulsión, infelicidad continua, falta infinita- que implica las justificaciones deshumanizantes que ordenan los valores y producción de valores existenciales. Por ello es posible pensar lo agonístico como el foco de resistencia que es posible oponer al poder devorador del avaro. El avaro no compite, no juega, explota y expolia. Oponer la competencia como contravalor de la avaricia nos demanda el ejercicio de clarificación o construcción de una filosofía de los sentimientos morales de base fenomenológica, que sirva como instrumento para llevar a cabo una crítica radical de los supuestos del liberalismo y de sus deformaciones ideológicas.

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'Nuestra tarea es ahora, por tanto, la de comprender la conexión esencial entre la propiedad privada, la codicia, la separación de trabajo, capital y tierra, la de intercambio y competencia, valor y desvalorización del hombre, monopolio y competencia; tenemos que comprender la conexión de toda esta enajenación con el sistema monetario'. Marx, Karl. , trad. Francisco Rubio Llorente. Madrid: Alianza , 2013.Karl Marx,
'Si los caballeros de industria lograron desalojar a los caballeros de espada, ello se debió únicamente a que los primeros explotaron acontecimientos en los cuales no les cabía culpa alguna. Ascendieron empleando métodos tan innobles como los que otrora permitieron al liberto romano convertirse en amo de su
'Adam Smith rechazó todo carácter determinado de la actividad creadora de riqueza considerándola simplemente como trabajo; ni trabajo manufacturero, ni trabajo comercial, ni agricultura, sino tanto uno como otro. Con la universalidad abstracta de la actividad creadora de riqueza, se da al mismo tiempo la universalidad del objeto determinado como riqueza'. Marx, Karl. (Borrador) 1857-1858, vol. 1 [], trad. Pedro Scaron, México, Siglo XXI, 2023.Karl Marx, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Borrador) 1857-1858, vol. 1 [Grundrisse], trad. Pedro Scaron (México: Siglo XXI, 2023), 25.

			'La indiferencia en cuanto a su uso, la falta de apego a ninguna persona puesto que no está relacionado con ninguna de ellas, la objetividad inherente al dinero como un simple medio que excluye cualquier relación emocional —todo esto produce una siniestra analogía entre el dinero y la prostitución'. Simmel, Georg. , trad. Ramón García Cotarelo. Barcelona: Paidós, 2016.Georg Simmel,
Me refiero a la posición de Simmel en su propia
Esta acotación husserliana es metodológicamente fundamental, véase San Martín, Javier. . Puebla: Lambda, 2024.Javier San Martín,
Me sirvo aquí del concepto de 'agonístico' tal como lo define Caillois, Roger. , trad. Jorge Ferreiro. México: FCE, 1986.Roger Caillois, en
'El valor es dinero, es esta mierda, para la que no existe otra alternativa si no su destrucción: la supresión del dinero. Estudiémoslo, pues, para destruirlo'. Negri, Antonio. Grundrisse, trad. Carlos Prieto del campo. Madrid: Akal, 2001. Antonio Negri,
'¿No serán los Grundrisse […] un texto de apoyo a la subjetividad revolucionaria? […] Convertir la teoría del valor en teoría del plusvalor, significaba efectuar 'una tarea directamente revolucionaria y alcanzar el punto de apoyo de una teoría antagonista del capital, de una teoría de la explotación social, y empujarla hacia la subjetividad de la composición de las clases en lucha''. Ibid., 22.

			'Es la divinidad visible, la transmutación de todas las propiedades humanas en su contrario, la confusión e inversión universal de todas las cosas; hermana las imposibilidades'. Marx,
Negri,
'Esta ciencia [la Economía Política] de la industria maravillosa es al mismo tiempo la ciencia del ascetismo, y su verdadero ideal es el avaro ascético, pero usurero, y el esclavo ascético, pero productivo. Su ideal moral es el obrero que lleva a la caja de ahorro una parte de su salario'. Marx, Manuscritos de economía…, 193.

			

					Depraz, Natalie. . Dordrecht: Kluwer, 2001.Natalie Depraz,
'Por alegría entenderé, pues, en lo que sigue la pasión por la que pasa la mente a una mayor perfección. Por tristeza, en cambio, la pasión por la que pasa la mente a una menor perfección'. Spinoza, Baruch. , trad. José Gaos , México, UNAM, 1977.Baruch Spinoza,
A. Smith hace esta distinción en el quinto apartado de la primera parte 'Sobre la simpatía', donde trata el egoísmo y sus defectos derivados. Smith, Adam. , trad. Carlos Rodríguez Braun. Madrid: Alianza , 1997.Adam Smith,
Esta definición no contradice la primera prestada líneas arriba, en la medida en que la anterior define el carácter social e histórico de los sentimientos humanos, respecto del cual se entiende la inmoralidad, como una modalidad negativa de esa estructura que expresa el significado de lo 'a-social'.

			Marx,
Marx,
'El interés y la ganancia figuran también como tales en la producción, en cuanto son formas en que el capital se incrementa, crece, y por eso, son momentos de su producción misma. En tanto formas de distribución, el interés y la ganancia presuponen el capital como agente de producción […] Son igualmente modos de reproducción del capital'. Marx, Elementos fundamentales para…, 15.

			Esta equivalencia se instaura en el proceso de acumulación originaria o conversión de los productores directos en asalariados. Tentativamente se rompen los vínculos territoriales y el obrero debe ir 'libremente' a dónde pueda ofertar su fuerza de trabajo. El salario 'libera' al siervo de la gleba. '…en el último tercio del siglo XV y los primeros decenios del siglo XVI. Una masa de
'La política de Europa, al limitar la competencia en algunos sectores a un número menor de personas del que estaría dispuesto a entrar en ellos en otro caso, da lugar a una desigualdad muy importante en el conjunto de las ventajas y desventajas de los diversos empleos del trabajo y el capital. Segundo, la política de Europa, al aumentar la competencia en algunos empleos encima de lo que sería natural genera otra desigualdad de índole contraria'. Smith,
'No hemos de considerar ahora —dice Marx en el cap. X, del L. I, de
'En el transcurso de la producción capitalista se desarrolla una clase trabajadora que, por educación, tradición y hábito reconoce las exigencias de este modo de producción como leyes naturales, evidentes por sí mismas […] el proceso capitalista desarrollado quebranta toda resistencia […] Es posible confiar el obrero a las 'leyes naturales de la producción''. Ibid., 922.

			

					Chauí, Marilena. , trad. Mariana Larison. Ulzama: NED, 2014.Marilena Chauí, en
'La expoliación de los bienes eclesiásticos, la enajenación fraudulenta de las tierras fiscales, el robo de la propiedad comunal, la transformación usurpatoria, practicada con el terrorismo más despiadado, de la propiedad feudal y clánica en propiedad privada moderna, fueron otros tantos
'En la historia real el gran papel lo desempeñan, como es sabido, la conquista, el sojuzgamiento, el homicidio motivado por el robo: en una palabra, la violencia'.
La matematización de la naturaleza es, para Husserl, el proceso mediante el cual la naturaleza abstracta, cuyos actos de abstracción se fundan en la naturaleza de la experiencia inmediata, se pone a sí misma, en la praxis científica, es decir, como lo fundante, no sólo de la ciencia, sino de la vida, es decir, la matematización de la naturaleza es una mistificación de la ciencia. Husserl, Edmund. , trad. Julia V. Iribarne, Buenos Aires, Prometeo, 2008.Edmund Husserl,
'El yo durmiente en oposición al despierto es la completa inmersión en la materia-de-yo, en la
Me refiero, desde luego a la vía del ordoliberalismo que aquí no puedo sino apenas mencionar como recurso crítico, pues su desarrollo debe ser amplio y muy preciso en relación con el modelo clásico del liberalismo. Eucken, Walter. , trad. T. W. Hutchison. Berlin: Springer, 1992.Walter Eucken,
'Disminúyanse los gastos de fabricación de los sombreros y su precio terminará por descender aunque la demanda pueda doblarse […]. Disminúyanse los gastos de mantenimiento de los hombres, disminuyendo el precio natural de la alimentación y el vestido que sirven para el sostenimiento de su vida, y se verá que los salarios terminan por bajar […]. Desde luego, el lenguaje de Ricardo no puede ser más cínico. Poner en el mismo nivel los gastos de fabricación de sombreros y los gastos de sostenimiento del hombre, es transformar al hombre en sombrero'. Marx, Karl. , ed. Martí Soler. México: Siglo XXI , 1987.Karl Marx, Miseria de la filosofía. Respuesta a la filosofía de la miseria de P. J. Proudhon, ed. Martí Soler (México: Siglo XXI, 1987), 18-19.

			'Así leemos en la obra polémica de Mill contra Hamilton: 'La lógica no es una ciencia distinta de la psicología y coordinada con ésta. En cuanto ciencia, es una parte o rama de la psicología, que se distingue de ésta a la vez como la parte del todo y como el arte de la ciencia…''. Husserl, Edmund. 1, trad. Manuel García Morente y José Gaos. Madrid: Alianza , 2006.Edmund Husserl,
El concepto de
Este sesgo arraiga en la propia formación de Engels en la tradición evolucionismo unilineal que ordena los análisis de El origen de la familia, la propiedad privada y el trabajo, y se manifiesta con especial claridad y fuerza en su propia definición de la competencia, más allá de los Manuscritos, en El capital: 'El análisis científico de la competencia —afirma Marx— sólo es posible cuando se ha comprendido la naturaleza intrínseca del capital, así como el movimiento aparente de los cuerpos celestes sólo es comprensible a quien conoce su movimiento real, pero no perceptible por los sentidos'. Marx,
'Un pueblo está en su apogeo industrial cuanto lo principal para él no es la ganancia sino el ganar. En esto los yankees están por encima de los ingleses'. Marx,

					Huizinga, Johan. , trad. Eugenio Imaz. Madrid: Alianza, 2012.Johan Huizinga,
Como veremos, el problema de esta interpretación deriva de dos condiciones centrales, la primera es la visión naturalista —heredada por Marx— de la competencia. La segunda es la contradicción en la que entra con la competencia como elementos estructural y sentimental de la reproducción del capital, como aparece en un inicio en los manuscritos de 1844.